Desde hace algunos años, uno de mis sueños es llegar a ser criminóloga. Quizás no es un deseo corriente, como el típico de "quiero llegar a ser famosa" o "mi mayor sueño es cantar junto a Madonna". Pero, yo no soy como el resto.
Sin embargo, sí que soy igual que todos en que, a la hora de que lo que quiero se haga realidad, eso no va a pasar, porque los sueños, sueños son.
En mi caso, jamás lograré si quiera entrar en una universidad que tenga dicha carrera... Lo sé porque ni siquiera he conseguido acabar el simple bachillerato científico. Poco a poco, día a día. durante los dos años que lo he intentado, me he dado cuenta de que ese sueño, no está al alcance de mi mano, que es una meta demasiado difícil para mi poco intelecto.
Otro sueño, un poco más común, es que siempre me ha ilusionado que me publicasen un libro. Pero, siendo sinceros, como el otro, también se aleja de mi camino. Mi forma de escribir no es demasiado buena, más bien es de lo más común, como la de cualquier otro joven con un poco de imaginación. Por ello, he decidido que me limitaré a escribir como hasta hora, como un mero entretenimiento y vía de escape de la vida real, sin ninguna ambición, simples letras y palabras que, con el tiempo, se perderán por la red.
Con esto no quiero decir que vuestros sueños no lleguen a realizarse, realmente eso no lo pienso, lo único que sé con certeza, es que los míos son imposibles de alcanzar.
Después de haber estragado dos años, bueno, contando primero de bachillerato, tres años de mi vida, me toca pensar qué es aquello para lo que realmente valgo. Dejaré de intentar de ser Sherlock Holmes, aunque más bien me interesaba la parte científica del procedimiento, la de ser la forense; y buscaré para lo que he nacido.
Día a día, veo que realmente no destaco en nada. Hay gente que adora el trabajo con niños, yo no podría; otros, cuidan de personas mayores, tampoco; trabajos cara el público, no soy demasiado sociable, soy más bien borde cuando me cabrean; y en una oficina. no soporto estar encerrada en un despacho. ¿Qué me queda? Yo creo que ya no hay nada.
Para mi, tanto criminología como publicar algo, se me ha espado de las manos, ya no podré alcanzarlo ni aunque me estire completamente. Así pues, repitiendo lo de antes: mis sueños, sueños son.
Vosotros, no seguir mi ejemplo y luchar por lo que queréis. Pero yo, ya me he cansado de luchar...
Mi pequeño lugar seguro en donde dejo volar mi imaginación con diferentes historias y en el que escribo lo que siento.
viernes, 5 de septiembre de 2014
jueves, 4 de septiembre de 2014
d) El motivo por el cual entré en la academia #3
El chico estaba sentado, cabizbajo, esperando a que la directora empezara a hablar.
-¡¿Se puede saber por qué no la has matado?! ¡Era una orden sencilla! ¡Maldito inútil!- los gritos de la señora Arai retumbaron por todo el despacho- Ya sabía yo que no me podía fiar de un maldito mago de pacotilla.
- Es que...- Hermi empezó a hablar, de forma tímida, bastante sonrojado.
-¡¿Es que, qué?!- clavó su fría mirada en el chico.
-Que... No puedo matar a la mujer que amo...
-¿A la mujer que amas? ¡¿Cómo vas a amar a esa asquerosa demonio?!
-¡No es asquerosa!- Se ruborizó al darse cuenta que había gritado y volvió a bajar el tono de su voz- Es la chica más hermosa que he visto jamás y su voz... Tan dulce y suave que hipnotiza... Además... Esa forma en que se mueve... ¡Volvería loco a cualquiera!- sonríe tontamente- Por no hablar de su mirada... Eses ojos marrones color chocolate... Son únicos...
-¿Pero de qué cojones estás hablando, imbécil? ¿Cómo coño te ibas a enamorar de una chica a la que acabas de ver por primera vez?
Antes de que el chico pudiera contestar, una sombra blanca empezó a materializarse. Hermi se puso de pie, su cuerpo se puso en tensión, le avisaba de que eso no era algo bueno. Miró extrañado a la directora, pero ella tenía su misma expresión. Aún cuando aquella sombra era algo borrosa, empezó a hablar.
-Yo sé lo que le ha pasado al chico- su voz sonaba distante, como si no estuviera allí.
-¿Quién eres?- la señora Arai se alejó lo máximo posible de aquella sombra. A pesar de lo asustada que estaba no lo dejaba ver.
-Soy el señor Blake Night, el abuelo de Samantha.
-¡Pero usted está muerto!
-Así es, mas me he aparecido. Precisaba hablar con vos- poco a poco, la sombra tomó el cuerpo de un señor de mediana edad, aunque se notaba que no era corpóreo.
Hermi mira la escena sin entender lo que pasaba. ¿Ese ser espectral era el abuelo de su amada?
-¡Yo no quiero nada con un asqueroso demonio! ¡Y mucho menos si es de la familia Night!
-Cálmese, querida. Es necesario que cooperemos.
-¿Cooperar? ¡Ja! Y no me llame querida.
-Señora Arai. Conozco el desprecio que le tiene a mi nieta, y yo mismo empiezo a tenerlo, sobretodo después de que ella me haya matado- la mira-. Pero, una unión entre mi nieta y su hijo puede beneficiarnos a ambos.
-¡No dejaré que esa demonio siga relacionándose con mi hijo!
-Cálmese, querida. Y présteme atención.
>>Verá, mi intención con mi nieta era convertirla en una auténtica máquina de matar. Desgraciadamente, el cariño de su familiar, hizo que no perdiera del todo su humanidad y, finalmente, mi propia creación se volviera en mi contra. Por ello, mi intención de ahora es arrebatarle su hijo. Hijo que sé que tendrá con Takumu. Una perfecta mezcla de vampirismo y diablismo. Con él lograré lo que no pude con Samantha. Y sin el contacto de sus padres, sin un amor que lo mantenga con su humanidad, llegará a ser el mejor asesino de todos y conseguirá devolverme la vida.
-¡No pienso ayudarle en nada!- La madre de Taku comenzó a reírse.
-Ese niño puede beneficiarnos a ambos. Con él, podrá conseguir el pleno control de su Clan y del resto de vampiros.
La directora se quedó mirando al espectro, dudando en qué hacer. Suspiró antes de responder.
-Está bien... Robaré a mi nieto... Y le ayudaré, sólo porque quiero llegar a gobernarlos a todos.
-Perfecto. En cuanto a ti...- miró a Hermi- Cada demonio tiene un poder diferente. Mi nieta, al parecer, tiene el poder de seducir a los hombres con su voz y mirada, como una sirena. Por eso ahora la amas y no has sido capaz de matarla. Pero, señora Arai, que este chico esté enamorado de ella nos puede beneficiar. Siempre es necesario un topo que nos informe del avance en la relación de los chicos.
-¡No pienso espiar a mi amada!- gritó el chico, acercándose al señor Night.
Riéndose, éste desapareció. La directora clavó su fría mirada en el chico.
-Sí lo harás si quieres seguir vivo o cerca de esa imbécil.
-Está... Está bien- tragando saliva, agachó su cabeza.
-Y ahora salga de mi despacho.
Hermida obedeció y salió de allí. No le gustaba eso de tener que chivarse de la chica a la que amaba y mucho menos sobre si mejoraba o empeoraba su relación con aquel puto vampiro.
-¡¿Se puede saber por qué no la has matado?! ¡Era una orden sencilla! ¡Maldito inútil!- los gritos de la señora Arai retumbaron por todo el despacho- Ya sabía yo que no me podía fiar de un maldito mago de pacotilla.
- Es que...- Hermi empezó a hablar, de forma tímida, bastante sonrojado.
-¡¿Es que, qué?!- clavó su fría mirada en el chico.
-Que... No puedo matar a la mujer que amo...
-¿A la mujer que amas? ¡¿Cómo vas a amar a esa asquerosa demonio?!
-¡No es asquerosa!- Se ruborizó al darse cuenta que había gritado y volvió a bajar el tono de su voz- Es la chica más hermosa que he visto jamás y su voz... Tan dulce y suave que hipnotiza... Además... Esa forma en que se mueve... ¡Volvería loco a cualquiera!- sonríe tontamente- Por no hablar de su mirada... Eses ojos marrones color chocolate... Son únicos...
-¿Pero de qué cojones estás hablando, imbécil? ¿Cómo coño te ibas a enamorar de una chica a la que acabas de ver por primera vez?
Antes de que el chico pudiera contestar, una sombra blanca empezó a materializarse. Hermi se puso de pie, su cuerpo se puso en tensión, le avisaba de que eso no era algo bueno. Miró extrañado a la directora, pero ella tenía su misma expresión. Aún cuando aquella sombra era algo borrosa, empezó a hablar.
-Yo sé lo que le ha pasado al chico- su voz sonaba distante, como si no estuviera allí.
-¿Quién eres?- la señora Arai se alejó lo máximo posible de aquella sombra. A pesar de lo asustada que estaba no lo dejaba ver.
-Soy el señor Blake Night, el abuelo de Samantha.
-¡Pero usted está muerto!
-Así es, mas me he aparecido. Precisaba hablar con vos- poco a poco, la sombra tomó el cuerpo de un señor de mediana edad, aunque se notaba que no era corpóreo.
Hermi mira la escena sin entender lo que pasaba. ¿Ese ser espectral era el abuelo de su amada?
-¡Yo no quiero nada con un asqueroso demonio! ¡Y mucho menos si es de la familia Night!
-Cálmese, querida. Es necesario que cooperemos.
-¿Cooperar? ¡Ja! Y no me llame querida.
-Señora Arai. Conozco el desprecio que le tiene a mi nieta, y yo mismo empiezo a tenerlo, sobretodo después de que ella me haya matado- la mira-. Pero, una unión entre mi nieta y su hijo puede beneficiarnos a ambos.
-¡No dejaré que esa demonio siga relacionándose con mi hijo!
-Cálmese, querida. Y présteme atención.
>>Verá, mi intención con mi nieta era convertirla en una auténtica máquina de matar. Desgraciadamente, el cariño de su familiar, hizo que no perdiera del todo su humanidad y, finalmente, mi propia creación se volviera en mi contra. Por ello, mi intención de ahora es arrebatarle su hijo. Hijo que sé que tendrá con Takumu. Una perfecta mezcla de vampirismo y diablismo. Con él lograré lo que no pude con Samantha. Y sin el contacto de sus padres, sin un amor que lo mantenga con su humanidad, llegará a ser el mejor asesino de todos y conseguirá devolverme la vida.
-¡No pienso ayudarle en nada!- La madre de Taku comenzó a reírse.
-Ese niño puede beneficiarnos a ambos. Con él, podrá conseguir el pleno control de su Clan y del resto de vampiros.
La directora se quedó mirando al espectro, dudando en qué hacer. Suspiró antes de responder.
-Está bien... Robaré a mi nieto... Y le ayudaré, sólo porque quiero llegar a gobernarlos a todos.
-Perfecto. En cuanto a ti...- miró a Hermi- Cada demonio tiene un poder diferente. Mi nieta, al parecer, tiene el poder de seducir a los hombres con su voz y mirada, como una sirena. Por eso ahora la amas y no has sido capaz de matarla. Pero, señora Arai, que este chico esté enamorado de ella nos puede beneficiar. Siempre es necesario un topo que nos informe del avance en la relación de los chicos.
-¡No pienso espiar a mi amada!- gritó el chico, acercándose al señor Night.
Riéndose, éste desapareció. La directora clavó su fría mirada en el chico.
-Sí lo harás si quieres seguir vivo o cerca de esa imbécil.
-Está... Está bien- tragando saliva, agachó su cabeza.
-Y ahora salga de mi despacho.
Hermida obedeció y salió de allí. No le gustaba eso de tener que chivarse de la chica a la que amaba y mucho menos sobre si mejoraba o empeoraba su relación con aquel puto vampiro.
sábado, 30 de agosto de 2014
c) El motivo por el cual entré en la academia #2
El chico se encontraba sentado en las gradas, observando los demás entrenamientos. La demonio a la que tenía que matar no había perdido ninguno de sus combates y, por lo que había visto el chico, hasta que no la derrotaran, era contra ella con la que se tenía que entrenar.
Era un entrenamiento cuerpo a cuerpo, sin armas o magia. Pues, si se usaba magia, saltaría una alarma avisando al profesor de ello, pero, para él, la directora apagaría esa alarma. Parecía que el informe que le había dado la directora estaba algo anticuado, aún así, el trabajo parecía fácil. El último oponente de la chica había caído en menos de dos minutos. Ya sólo quedaba él en pie.
-¡Tú! ¡El nuevo! ¡Es tu turno!- el profesor lo llamó y el bajó de las gradas- Señorita Night, no te pases con él.
-Claro profesor- la chica sonrió de forma cariñosa.
El mago se rió bajo, la chica iba demasiado de sobrada. Pero él era mucho más fuerte y rápido que el resto de alumnos. Al llegar miró al profesor y a la chica.
-¿Y bien? ¿Cuál es el nombre de mi nuevo contrincante?- le preguntó la chica, risueña.
-Hermida Owen, Hermi, por simplificar.
-Sam, déjese de presentaciones estúpidas y siga con el entrenamiento, que hoy llevas una buena racha de victorias.
La chica simplemente asintió y se alejó de Hermi, se puso en posición defensiva y realizó el saludo. El chico la imitó. En las gradas se encontraba la directora, que sonreía de una forma algo sádica y le asintió a Hermi, confirmando que no había problema de que usara magia. El chico sonrió de forma casi imperceptible.
-¿A qué esperas, Hermi? No voy a ser yo la que empiece el ataque.
Esa forma de actuar de la chica aumentaba sus ganas de matarla, a pesar de que no la conocía sabía que era la típica chica a la que es fácil de odiar y difícil de aguantar. Miró fijamente a su víctima, la cual sonreía alegremente, sin moverse. Antes de atacarla necesitaba estudiarla detenidamente, al no ser una demonio completa, al parecer era mitad hechicera, su forma de atacar sería distinta a la de los demás demonios de su especie. Tenía un cuerpo bastante delgado y de una altura media, con lo que, suponía, que sería rápida y conocería bastantes llaves con las que defenderse pero sus ataques no serían demasiado fuertes.
Hermi corrió hacia ella para comprobar sus reflejos y rapidez, dispuesto a golpearle en la boca del estómago. La chica, cuando él ya estaba cerca, se movió hacia un lado y le asentó un golpe en el cuello, lo que cabreó al chico, pues el golpe había sido más fuerte de lo que esperaba. Volvió a intentar golpearla, pero estaba vez, usando la pierna derecha para darle una patada en la cabeza, pero su movimiento había sido demasiado lento y Sam se la agarró, lanzándolo lejos. Esta vez, fue ella la que aprovechó para atacarlo, pero Hermi se defendió y, finalmente, le clavó el puño en el estómago.
Continuaron con los ataques durante unos minutos más, sin que ninguno pareciera rendirse o perder. A ese paso se pasarían el día luchando hasta que uno cayera rendido. Era el momento de usar el hechizo matademonios que siempre usaba. Aprovechó el momento en el que la chica estaba en el suelo para usarlo. Clavó la mirada en ella y empezó a murmurar para si el conjuro. Sonriendo y sin dejar de lanzar el hechizo, comprobaba como la chica sufría el ataque mientras intentaba ponerse de pie. Sabría que con ella tardaría algo más en funcionar, debido a que era mestiza, pero, de momento, parecía que funcionaba.
En menos de un minuto la demonio se puso de pie, sus ojos tenían un tono morado, cosa que hizo que le joven mago se sobresaltara. En el informe no ponía nada de que la chica fuera la líder de un clan, pero, el color morado de sus ojos, la caracterizaba como tal. Finalmente, los ojos de la chica se volvieron rojizos. El chico salió disparado contra la pared por una fuerza invisible. El hechizo se había roto. La demonio, cabreada, lo golpeó, partiéndole de esa forma el labio, que no tardó en sangrar.
-¡Tú! No se como has conseguido hacer magia sin que saltara la alarma, pero me encargaré de que me pagues este intento de asesinato, ¿está claro?- su voz sonó con fuerza, a pesar de que le estaba murmurando al oído.
El chico asintió y tragó saliva. Este trabajo le iba a costar más de lo que había pensado.
-¿Pero sabes qué?- la voz de la chica cambiara, al igual que el ambiente, que parecía más tranquilo y relajante.
-¿Q-Qué?- murmuró el chico. Se sentía intimidado y seducido.
Alzó la cara del chico e hizo que la mirara a los ojos, los cuales ahora estaban en un tono muy claro, que no parecía marrón. Continuó hablándole con ese tono suave y seductor.
-No me volverás a intentar matar, ¿a que no?- el chico negó- ¿Sabes por qué? Porque me deseas. Y nunca harías daño a alguien que amas...
El chico negó y se dejó acariciar, mientras las manos de la chica rozaban la piel del chico. ¿Cómo podía haber intentado matar a aquella chica tan guapa? ¡No podía matar a la mujer que amaba!
-Así me gusta... Y... Por tu propio bien, no le dirás a nadie lo que ha pasado hoy- los ojos de la chica se volvieron normales cuando volvió a agredir al chico, el cual cayó al suelo.
-¡Excelente, señorita Night! Ninguna derrota hoy. Ya podéis iros a las duchas chicos. Espero que el entrenamiento de mañana sea algo mejor.
-Gracias, señor- la demonio se alejó con el resto de alumnos mientras, Hermi, se quedaba solo sobre las pistas de entrenamiento.
-¡Señor Owen! A mi despacho, ¡ya!- la directora le gritó antes de alejarse.
Por no matar a la chica que amaba, seguramente lo expulsarían...
Era un entrenamiento cuerpo a cuerpo, sin armas o magia. Pues, si se usaba magia, saltaría una alarma avisando al profesor de ello, pero, para él, la directora apagaría esa alarma. Parecía que el informe que le había dado la directora estaba algo anticuado, aún así, el trabajo parecía fácil. El último oponente de la chica había caído en menos de dos minutos. Ya sólo quedaba él en pie.
-¡Tú! ¡El nuevo! ¡Es tu turno!- el profesor lo llamó y el bajó de las gradas- Señorita Night, no te pases con él.
-Claro profesor- la chica sonrió de forma cariñosa.
El mago se rió bajo, la chica iba demasiado de sobrada. Pero él era mucho más fuerte y rápido que el resto de alumnos. Al llegar miró al profesor y a la chica.
-¿Y bien? ¿Cuál es el nombre de mi nuevo contrincante?- le preguntó la chica, risueña.
-Hermida Owen, Hermi, por simplificar.
-Sam, déjese de presentaciones estúpidas y siga con el entrenamiento, que hoy llevas una buena racha de victorias.
La chica simplemente asintió y se alejó de Hermi, se puso en posición defensiva y realizó el saludo. El chico la imitó. En las gradas se encontraba la directora, que sonreía de una forma algo sádica y le asintió a Hermi, confirmando que no había problema de que usara magia. El chico sonrió de forma casi imperceptible.
-¿A qué esperas, Hermi? No voy a ser yo la que empiece el ataque.
Esa forma de actuar de la chica aumentaba sus ganas de matarla, a pesar de que no la conocía sabía que era la típica chica a la que es fácil de odiar y difícil de aguantar. Miró fijamente a su víctima, la cual sonreía alegremente, sin moverse. Antes de atacarla necesitaba estudiarla detenidamente, al no ser una demonio completa, al parecer era mitad hechicera, su forma de atacar sería distinta a la de los demás demonios de su especie. Tenía un cuerpo bastante delgado y de una altura media, con lo que, suponía, que sería rápida y conocería bastantes llaves con las que defenderse pero sus ataques no serían demasiado fuertes.
Hermi corrió hacia ella para comprobar sus reflejos y rapidez, dispuesto a golpearle en la boca del estómago. La chica, cuando él ya estaba cerca, se movió hacia un lado y le asentó un golpe en el cuello, lo que cabreó al chico, pues el golpe había sido más fuerte de lo que esperaba. Volvió a intentar golpearla, pero estaba vez, usando la pierna derecha para darle una patada en la cabeza, pero su movimiento había sido demasiado lento y Sam se la agarró, lanzándolo lejos. Esta vez, fue ella la que aprovechó para atacarlo, pero Hermi se defendió y, finalmente, le clavó el puño en el estómago.
Continuaron con los ataques durante unos minutos más, sin que ninguno pareciera rendirse o perder. A ese paso se pasarían el día luchando hasta que uno cayera rendido. Era el momento de usar el hechizo matademonios que siempre usaba. Aprovechó el momento en el que la chica estaba en el suelo para usarlo. Clavó la mirada en ella y empezó a murmurar para si el conjuro. Sonriendo y sin dejar de lanzar el hechizo, comprobaba como la chica sufría el ataque mientras intentaba ponerse de pie. Sabría que con ella tardaría algo más en funcionar, debido a que era mestiza, pero, de momento, parecía que funcionaba.
En menos de un minuto la demonio se puso de pie, sus ojos tenían un tono morado, cosa que hizo que le joven mago se sobresaltara. En el informe no ponía nada de que la chica fuera la líder de un clan, pero, el color morado de sus ojos, la caracterizaba como tal. Finalmente, los ojos de la chica se volvieron rojizos. El chico salió disparado contra la pared por una fuerza invisible. El hechizo se había roto. La demonio, cabreada, lo golpeó, partiéndole de esa forma el labio, que no tardó en sangrar.
-¡Tú! No se como has conseguido hacer magia sin que saltara la alarma, pero me encargaré de que me pagues este intento de asesinato, ¿está claro?- su voz sonó con fuerza, a pesar de que le estaba murmurando al oído.
El chico asintió y tragó saliva. Este trabajo le iba a costar más de lo que había pensado.
-¿Pero sabes qué?- la voz de la chica cambiara, al igual que el ambiente, que parecía más tranquilo y relajante.
-¿Q-Qué?- murmuró el chico. Se sentía intimidado y seducido.
Alzó la cara del chico e hizo que la mirara a los ojos, los cuales ahora estaban en un tono muy claro, que no parecía marrón. Continuó hablándole con ese tono suave y seductor.
-No me volverás a intentar matar, ¿a que no?- el chico negó- ¿Sabes por qué? Porque me deseas. Y nunca harías daño a alguien que amas...
El chico negó y se dejó acariciar, mientras las manos de la chica rozaban la piel del chico. ¿Cómo podía haber intentado matar a aquella chica tan guapa? ¡No podía matar a la mujer que amaba!
-Así me gusta... Y... Por tu propio bien, no le dirás a nadie lo que ha pasado hoy- los ojos de la chica se volvieron normales cuando volvió a agredir al chico, el cual cayó al suelo.
-¡Excelente, señorita Night! Ninguna derrota hoy. Ya podéis iros a las duchas chicos. Espero que el entrenamiento de mañana sea algo mejor.
-Gracias, señor- la demonio se alejó con el resto de alumnos mientras, Hermi, se quedaba solo sobre las pistas de entrenamiento.
-¡Señor Owen! A mi despacho, ¡ya!- la directora le gritó antes de alejarse.
Por no matar a la chica que amaba, seguramente lo expulsarían...
martes, 26 de agosto de 2014
b) El motivo por el cual entré en la academia #1
El chico, como cada semana, se encontraba en frente de las tumbas de sus padres, mirándolas. Su padre había muerto cuando él apenas era un niño y su madre, hacia cerca de un año. Los echaba de menos, a los dos, aunque más a su madre, ella siempre lo había protegido y cuidado.
Desde la muerte de su madre había pasado muchas cosas. Se había enterado de que era mago, toda su vida le había ocultado eso y habían reprimido sus poderes con una especie de sello. Esto lo había descubierto en una carta que había escrito su madre y estaba escondida entre sus cosas. Ese sello que le habían puesto se rompería en caso de que el chico alcanzara la mayoría de edad o, en el peor de los casos, el fallecimiento de sus padres. Desgraciadamente, había recuperado sus poderes con el segundo caso, pero, aún así, el sello no se había roto del todo y no se podía transformar.
El joven mago suspiró y se alejó de las tumbas de sus padres, con su bastón de mago en mano. No se había alejado demasiado cuando percibió que una sombra lo seguía. Al girarse, vio como el que lo vigilaba salía corriendo, no le podía ver la cara pues llevaba capucha. Lo siguió sin vacilar, pero aquel extraño le llevaba ventaja y era más rápido con él. Recordando que llevaba su bastón mágico, lo utilizó para inmovilizar al observador. Cuando este se quedó congelado, corrió de nuevo hacia él.
-¡Tú, encapuchado! ¿Quién eres?- cuando lo tuvo en frente le quitó la capucha y comprobó que era una mujer adulta, no sabría decir que edad aparentaba, sus rasgos ni siquiera parecían humanos.
-Lo diré cuando me descongeles, o mejor lo hago yo- sin inmutarse se deshizo del conjuro del chico.
-¿Si controlas la magia, por qué no lo evitaste y te escapaste?
-Porque necesitaba saber cuánto controlas de magia. Un conjuro congelador no es sencillo de realizar- la mujer le sonrió-. Mi nombre es Sara Arai, soy la directora de una prestigiosa academia para gente como tú.
-¿Una academia para magos?- preguntó el chico dubitativo. En la carta que le había dejado su madre no ponía que existieran sitios como esos, es más, según le explicara en aquellas líneas, cada mago aprendía de sus familiares o por su cuenta a través de libros.
-No sólo magos, sino criaturas de todo tipo: hadas, ángeles, vampiros, licántropos... Incluso algún que otro humano con grandes cualidades.
-Pero... Yo no tengo dinero como para pagar una academia.
-Vengo a ofrecerte una beca. A cambio de que mates por mí. A una demonio que ronda por mi academia.
-Eso no supondría ningún problema, ya que me dedico a matar ese tipo de criaturas.
-Excelente- le tiende la mano-. Ven conmigo, una vez allí, te explicaré cómo puedes matarla.
El chico la cogió de la mano, y la señora Arai los hizo aparecer en la academia.
Hermida se sorprendió al ver aquel lugar. Los edificios eran de gran tamaño y los jardines eran espectaculares. Diversos alumnos uniformados caminaban o hacia magia por el patio de la academia. Al mago, ese lugar, le encantaba, podría hacer magia sin preocuparse por quién podría pillarlo.
-Señor Owen, bienvenido a mi academia. Empezarás las clases mañana mismo- lo mira-. Tus cosas están ya en tu dormitorio. Te encargarás de esta chica- le entrega una carpeta con la información de la demonio a la que tenía que matar-. Tienes una clase de entrenamiento físico en común con ella, aprovecha esa clase para matarla. Yo me encargaré de marcarlo como un accidente.
La mujer se aleja y deja al chico sólo, con la información de la chica en las manos. Lee la información, por lo que ponía en las fichas, aquel asesinato sería sencillo.
Desde la muerte de su madre había pasado muchas cosas. Se había enterado de que era mago, toda su vida le había ocultado eso y habían reprimido sus poderes con una especie de sello. Esto lo había descubierto en una carta que había escrito su madre y estaba escondida entre sus cosas. Ese sello que le habían puesto se rompería en caso de que el chico alcanzara la mayoría de edad o, en el peor de los casos, el fallecimiento de sus padres. Desgraciadamente, había recuperado sus poderes con el segundo caso, pero, aún así, el sello no se había roto del todo y no se podía transformar.
El joven mago suspiró y se alejó de las tumbas de sus padres, con su bastón de mago en mano. No se había alejado demasiado cuando percibió que una sombra lo seguía. Al girarse, vio como el que lo vigilaba salía corriendo, no le podía ver la cara pues llevaba capucha. Lo siguió sin vacilar, pero aquel extraño le llevaba ventaja y era más rápido con él. Recordando que llevaba su bastón mágico, lo utilizó para inmovilizar al observador. Cuando este se quedó congelado, corrió de nuevo hacia él.
-¡Tú, encapuchado! ¿Quién eres?- cuando lo tuvo en frente le quitó la capucha y comprobó que era una mujer adulta, no sabría decir que edad aparentaba, sus rasgos ni siquiera parecían humanos.
-Lo diré cuando me descongeles, o mejor lo hago yo- sin inmutarse se deshizo del conjuro del chico.
-¿Si controlas la magia, por qué no lo evitaste y te escapaste?
-Porque necesitaba saber cuánto controlas de magia. Un conjuro congelador no es sencillo de realizar- la mujer le sonrió-. Mi nombre es Sara Arai, soy la directora de una prestigiosa academia para gente como tú.
-¿Una academia para magos?- preguntó el chico dubitativo. En la carta que le había dejado su madre no ponía que existieran sitios como esos, es más, según le explicara en aquellas líneas, cada mago aprendía de sus familiares o por su cuenta a través de libros.
-No sólo magos, sino criaturas de todo tipo: hadas, ángeles, vampiros, licántropos... Incluso algún que otro humano con grandes cualidades.
-Pero... Yo no tengo dinero como para pagar una academia.
-Vengo a ofrecerte una beca. A cambio de que mates por mí. A una demonio que ronda por mi academia.
-Eso no supondría ningún problema, ya que me dedico a matar ese tipo de criaturas.
-Excelente- le tiende la mano-. Ven conmigo, una vez allí, te explicaré cómo puedes matarla.
El chico la cogió de la mano, y la señora Arai los hizo aparecer en la academia.
Hermida se sorprendió al ver aquel lugar. Los edificios eran de gran tamaño y los jardines eran espectaculares. Diversos alumnos uniformados caminaban o hacia magia por el patio de la academia. Al mago, ese lugar, le encantaba, podría hacer magia sin preocuparse por quién podría pillarlo.
-Señor Owen, bienvenido a mi academia. Empezarás las clases mañana mismo- lo mira-. Tus cosas están ya en tu dormitorio. Te encargarás de esta chica- le entrega una carpeta con la información de la demonio a la que tenía que matar-. Tienes una clase de entrenamiento físico en común con ella, aprovecha esa clase para matarla. Yo me encargaré de marcarlo como un accidente.
La mujer se aleja y deja al chico sólo, con la información de la chica en las manos. Lee la información, por lo que ponía en las fichas, aquel asesinato sería sencillo.
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