sábado, 21 de noviembre de 2015

19. El ataque

Al principio del camino una enorme silueta negra les impedía el paso a los chicos. Se trataba de un demonio de gran estatura y cuerpo musculado con una larga y fina cola que movía de forma intimidatoria.
La mirada de Sam estaba clavada en el enorme demonio que les impedía el paso. Ella sabía perfectamente quién era aquel ser ya que, cuando la demonio era más joven, éste la había intentado matar.
-Sam, deja que yo me encargue de eso- dijo Taku mientras se empezaba a adelantar, pero no puedo hacerlo mucho más porque su novia lo detuvo.
-No amor. Es cosa mía. Está aquí por mi.
-No te pienso dejar luchar a ese demonio, ¡es enorme!
-Ya... Pero no me queda más remedio que hacerlo. Es un ataque claro de los Ancianos.
Sin darle tiempo a replicar, Sam salió corriendo hacia el demonio mientras invocaba a su vieja espada.
-¡Inútil!- Gritó la espalda- ¿Ahora te acuerdas de mi? ¿Ya te ha cansado de tenerme encerrado en ese armario?
-¡Cállate Slayer!- Le gritó Sam.
 Al llegar a la altura de aquel ser, este se empezó a reír al ver el pequeño tamaño de su oponente, a su vista no era más que una simple niña. La chica, cabreada ante aquel gesto, gruñó.
El demonio intentó agarrar a Sam pero esta esquivó el lento movimiento del gigante con un leve movimiento hacia su izquierda. La joven examinaba a su enemigo mientras se defendía de los ataques. Riéndose, decidió cortarle la cola al demonio y girando sobre este para quedar a la espalda del mismo, movió de forma rápida a Slayer y, de un solo corte, consiguió separar la cola del cuerpo de su enemigo y sonrió satisfecha, pues creía que así lograría que su enemigo perdiera el equilibrio y le costaría atacarla. Desgraciadamente, lo único que ocurrió fue que el enorme brazo del demonio la lanzó lejos mientras se reía.
-¿Qué pretendías con eso? ¿Que perdiera el equilibrio? ¡Qué patética!- Se rió este mientras agarra a Sam y la tiraba de nuevo, pero esta vez hacia el suelo y con gran fuerza.
Gruñendo, la joven se empezó a incorporar poco a poco, estaba vez sus ojos eran de un intenso color morado oscuro y en su cuerpo había surgido una fina cola negra, pues había tomado su aspecto de demonio completo. Se empezó a reír fuertemente y empezó a atacar a su enemigo de forma constante y mortífera. Sus ataques eran parados por el enorme demonio.
La pelea prosiguió durante varios minutos más. Sam no se cansaba y sus ataques eran cada vez más fuertes, en cambio, los del enemigo eran cada vez más torpes y, finalmente, apenas se dedicaba a defenderse de los constantes ataques de la espada de Sam. Con un último movimiento, rápido, fuerte y preciso, Sam decapitó al demonio y se dejó caer al lado de este.
-¡Joder Sam! ¡Ha sido increíble!- La felicitó Taku una vez llegó a la altura de la chica- No peleabas así en la academia ni contra mi.
- Porque en aquellos casos no estaba mi vida en peligro, amor.
Él, sonriendo, la abrazó y le besó la cabeza.
-¿Quién lo ha mandado?
-Es obvio que han sido los Ancianos, ya te lo dije. Lo peor... Es que es un demonio muy peligroso que se encontraba en el Viejo Infierno. Lo han liberado.
-¿Cómo que Viejo Infierno?- Preguntó confuso Taku.
-Eso, ya sabes que está el Viejo y el Nuevo Infierno.
-Sí, eso lo sé. Pero que yo sepa no se puede salir.
-No, no se puede, para eso están los guardias. Nadie puede entrar ni salir si no es alguien de un alto cargo, como yo. Lo han tenido que invocar.
-Joder... ¿Y ahora qué?
-Ahora... -contestó la chica con una sonrisa traviesa en los labios-. Voy a enviarles un regalito a esos hijos de puta de los Ancianos.
Dicho esto, puso sus manos sobre la cabeza del enemigo muerto y la hizo desaparecer, al igual que el resto del cuerpo.
-¿Qué has hecho?- Quiso saber Taku.
-Enviarles el cuerpo muerte de su querido demonio a la mesa de reuniones de los Ancianos, les va a encantar encontrárselo.
Riéndose, Taku abrazó y besó a su novia.
-Anda, enana, volvamos a casa.
Ella asintió y cogiendo a su novio de la mano, volvieron hacia su casa donde los esperaban sus familiares.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Dejar atrás tus miedos

Correr, eso era lo único que podía hacer. Correr para poder alejarse de aquello a lo que temía. Intentar ser más rápido que el miedo, intentar superar todo aquello que jamás logró hacer. De una forma rápida iba dejando atrás todo aquello a lo que no se quería afrontar, pero el camino de huida era más difícil de lo que esperaba.
Muchas vueltas sin sentido que lo agotaban poco a poco, se iba quedando sin fuerzas mientras escapaba de sus temores y, estos, inagotables, lo iban alcanzado con rapidez. Él, sin rendirse y persistiendo en su objetivo, seguía huyendo, quería encontrar la salida de aquel laberinto, la salida que le quitaría aquel peso de sus logros inacabados. Quería salir y dejar atrás sus miedos.
Su carrera le llevaba continuamente a un final sin salida, a una gruesa pared que le obligaba a retroceder y buscar un nuevo camino que, cada vez iba siendo más difícil de recorrer. En cambio, su perseguir no tenía ninguna dificultad en seguirlo, cuanto más asustado estaba él por no lograr salir, más rápido era su enemigo.
Cuando ya veía el final de su largo recorrido, una piedra lo hizo caer y rodando por el suelo, su perseguidor acabó por alcanzarlo. El joven gritaba al ver abalanzarse sobre él a todos sus miedos y metes sin alcanzar, el terror invadía su cuerpo. El ente penetró su cuerpo y lo obligó a recrear en su mente todo aquello que temía y no fuera capaz de superar. Los gritos del chico llenaban el silencioso laberinto. Temblando pedía que todo aquello acabase, no quería seguir viendo a sus temores.
Sus gritos acabaron por apagarse, pero su cuerpo seguía temblando por un largo rato.
Tras varios minutos el chico se relajó y se puso en pie. Miró hacia atrás y se dio cuenta de que el laberinto ya no existía sino que, en su lugar, se hallaba un camino recto, sencillo de pasar y bien iluminado. Ahora entendía que su carrera había sido inútil, entendía que si hubiera aceptado sus miedos, si hubiera aprendido a superarlos y no huir de ellos, todo aquel camino le hubiera resultado más sencillo, pues, escapando no había hecho otra cosa que empeorar la solución, no le había dado una oportunidad para aprender. Riéndose siguió avanzando hasta alcanzar el final de aquel camino. Al otro lado le esperaba el fin de sus miedos y un nuevo comienzo para lograr terminar todas aquellas metas que había dejado atrás.

domingo, 11 de octubre de 2015

Hace ya varios meses que no siento esa amargura, ese dolor que me impedía sonreír o reírme. Hace ya tanto que no tengo motivos para estar mal que ya no sé cómo se sentía, ni tampoco quiero recordarlo.  Hace ya varios meses que es me es difícil entristecer y cuando lo hago, en seguida se me pasa. Hace ya varios meses que tengo una razón para sonreír.
Desde hace algún tiempo, tú estás en mi vida. Poco a poco me fui dando cuenta de que te quería en ella para siempre. Esa alegría que ahora siento, ese ánimo para empezar algo nuevo me lo has pegado tú. Me has enseñado que vale la pena luchar por lo que queremos y que todo es más fácil de conseguir de lo que parece. Día a día, noche a noche, he ido aprendiendo lo que tú me enseñabas sin darte cuenta y en poco tiempo conseguiste lo que otros ni soñaron alcanzar.
A todos nos llega ese alguien especial, esa persona que nos ayuda en nuestro día a día y nos hace mejores personas. Para mi, esa persona, eres tú. Sin decir quién eres, ni mencionarte de ninguna manera especial, nada más que llamándote de tú, ya sabes quién eres.
Desde que nos conocemos nos han pasado muchas cosas y no siempre buenas, pero, todas ellas, nos han servido para aprender algo nuevo y hacernos más fuertes y unirnos mucho más.
Lo único que te quiero decir con todo esto es lo mucho que te quiero y todo lo que significas para mi. Eres algo más que un amigo y me has ayudado mucho más de lo que crees. Sin ti, yo no sería la Sam que soy ahora y seguiría siendo la misma de hace dos años. Sin ti yo no hubiera logrado acabar el bachillerato y a día de hoy no estaría estudiando Salud Ambiental... Sin ti, yo ya no sé que hacer. 
Asi que tú, quiero que sepas que te has convertido en la persona más importante de mi vida y que quiero estar siempre contigo.
Con cariño, 




                                                                 S.

martes, 29 de septiembre de 2015

Un nuevo camino

Y aquí estoy, después de unas breves vacaciones, que no han dado para mucho, otra vez con las energías cargadas y dispuesta, por una vez, a comerme el mundo. Un nuevo camino se abre a mis pies y es la hora de recorrerlo sin miedo.
El verano ya se ha acabado y un nuevo curso, que creía que para mi no iba a llegar, ha empezado. Me encuentro en un nuevo centro, con nuevos compañero y, espero, con nuevos amigos. El miedo sigue latente en mi, pero no por ello pienso rendirme. Este año pienso dar todo lo mejor de mi y poder llegar a alcanzar mis metas sin bacilar y de la forma más rápida posible.
Este curso sé que no podre escribir mucho pero, como siempre digo, nunca abandonaré mi Blog, mi lugar zen, mi zona de retiro. Tampoco voy a seguir mucho más con las dos historias que me quedan paradas, tengo que lograr acabarlas. ¿No dicen que en la vida hay tres cosas que hacer: plantar un árbol, escribir y libro y tener un hijo? Por lo menos yo quiero cumplir dos de ellas.
Así que, por una vez estoy feliz con este nuevo camino.