viernes, 24 de febrero de 2017

Destroza este diario 5


En esta ocasión (sí, después de mucho tiempo) lo que he completado, porque tengo varias páginas a medio hacer, ha sido verter algunos de mis pintauñas y cerrar el diario para que los colores se mezclasen y quedasen estampados en la otra página.
Decidí usar pintauñas porque es algo que no se gasta demasiado y tenía una gran gama de colores, tonos y con o sin brillantes.
Espero, desde ahora, poder seguir avanzando con mi Destroza este diario.
Ya sabéis, destruir es crear.


martes, 7 de febrero de 2017

Visiones de futuro #19

Las ruedas del coche derraparon sobre el asfalto mientras Erica conducía a gran velocidad intenta escapar. Si el cristal del retrovisor no se había roto es porque este, como el resto del coche, era cristal antibalas. El coche que los perseguía se acercaba a ellos peligrosamente, necesitaban despistarlo de la forma que fuera para lograr huir. Si no lograban salir del país esta noche, estaría perdidos.
Marc miraba nervioso a través del cristal trasero, viendo como alguna que otra bala impactaba en el todoterreno de su compañera. El miedo a ser atrapado corría por sus venas.
-Eri... 
-¡¿Qué?!- Le gritó ella. Se notaba lo nerviosa que se encontraba en ese momento.
-Nos están dando alcance...
-¡Joder, Marc! ¡¿Crees que no lo sé?!
-Sí... Bueno...
Erica resopló. Estaba cabreada consigo misma por haber sido tan estúpida de haberle permitido a Marc parar. No deberían haberlo hecho hasta atravesar alguna zona segura, y eso no pasaría hasta que no abandonasen el país.
-Lo siento... Si no te hubiera pedido parar... No estarían pisándonos los talones- se disculpó el chico, decaído.
-No es tu culpa. Marc. La culpa es mía por haber sido tan tonta de permitirte parar- suspiró-. Tenemos que dejarlos atrás como sea. 
Marc miró la carretera que se extendía delante de ellos, mientras veía como Erica sorteaba los pocos coches que se encontraban de por medio y estos derrapaban y paraban en el arcén al querer esquivar al todoterreno que se les venía encima. 
Los disparos sobre el coche no les dejaba pensar con claridad. Erica buscaba desesperadamente la forma de deshacerse de sus perseguidores. Ahora que por fin, después de tanto tiempo, había logrado encontrar al Elegido, no podía permitir perder la guerra en una triste persecución automovilística.
La chica giró bruscamente el volante, haciendo que el 4x4 se precipitara fuera de la calzada. Sabía que si seguí conduciendo por la carretera, jamás podría darles esquinazo, pero esperaba que conducir por el medio de la arboleda que rodeaba ese camino les fuera de ayuda. Sin variar la velocidad a la que iba, sorteaba los árboles como si no estuvieran en medio de su camino, mas su contrincante era tan buen conductor como ella. La anchura del coche no le permitía meterse por donde ella quería, con lo que tenía que, muchas veces, pasar chocando y derribado pequeñas plantas o arbustos, que muchas veces se quedaban atrapados en el limpiaparabrisas.
La vampiresa decidió hacer un giro, dirigiéndose directamente hacia el coche que los perseguía. 

lunes, 30 de enero de 2017

II. Mi primer día

Alguien me esperaba en el interior de la oficina. Era un chico moreno, un poco más alto que yo, pero parecía ser tan musculado como lo estaba yo. Debía de ser otro de los monitores deportivos de Sport Now. Al verme entrar se acercó a mi y me sonrió, no voy a negar que desde un primer momento me pareció que tenía una sonrisa muy bonita, que conseguiría seducir a cualquiera, antes de empezar a hablarme.
-Hola, ¿eres Nicolás, el nuevo?- me preguntó el chico con un marcado acento malagueño, por lo que deduje que él era de la zona.
-Sí, puedes llamarme Nico- le respondí, sonriéndole levemente-. ¿Y tú quién eres?
-Yo soy Mateo. Soy al que le han encargado cuidar de ti los primeros días -se rio.
-¿Cuidar de mí?- Alcé una ceja, algo confuso.
-Claro. Enseñarte todo lo que debes conocer de aquí. Vamos, soy al que le ha tocado pringar con la tarea de enseñar al nuevo- se volvió a reír.
-Oye... Yo no soy ninguna carga- le respondí molesto. Tenía la sensación de que este tipejo no me iba a caer nada bien.
-Tranquilo, Nico, que es broma. Además, me encanta enseñar a los nuevos. Bueno... Aparte de que me suele tocar a mi porque soy el que más años lleva aquí.
Yo simplemente asentí. No me había gustado nada las confianzas que se daba con tanta broma. Lo seguí cuando me invitó a hacerlo, recorriendo el lugar y mostrándome dónde se impartían las distintas actividades, cómo funcionaba todo y también dónde se encontraba el comedor y el almacén, algo a lo que solo los trabajadores teníamos acceso, obviamente. La visita y explicaciones nos llevó hasta la hora de comer, pues Mateo se enrollaba bastante a la hora de hablar y se paraba a presentarme a todas las personas con las que se cruzaba.
-En fin. Creo que ya está todo. Si tienes alguna duda, no dudes en preguntarme- me limité a asentir, pasaba de darle cancha a que me soltase otro interminable monólogo-. Tu primer turno es a las cinco. Pero antes de que te vayas, casi se me olvida algo importante.
Resoplé y giré los ojos. A saber qué me soltaría el plasta ahora. Al ver mi cara, Mateo comenzó a reírse.
-Tranquilo, tío, no es otro sermonazo. Es solo que se me olvidó algo muy importante: Llevarte con el jefe para que firmes el contrato.
Suspiré, visiblemente aliviado. Seguir hablando con este pelma me hubiese levantado dolor de cabeza. A decir verdad, a mí tampoco me acordaba la firma del contrato.
Seguí de nuevo al moreno por los pasillos de los despachos. Se paró al final del pasillo, en frente de una puerta con una placa que ponía “señor Sánchez”.
-Bueno, chico. Aquí acaba nuestro paseo. De verdad, esta vez es así- me sonrió y se fue por donde habíamos venido. Me quedé unos segundos observándolo, no podía negar que el tío tenía buen cuerpo.
Agité la cabeza intentando quitarme esos pensamientos de la cabeza. No era propio de mi quedarme viendo a un tipejo pelmazo como él. Carraspeé y llamé a la puerta. La respuesta no tardó en llegar un simple “adelante”. Abrí la puerta y entré.
-Usted debe de ser Nicolás Garrido, ¿no?- Me preguntó el hombre que estaba sentado detrás del escritorio de caoba. Antes de responder le eché una rápida mirada. Para ser alguien que dirigía una empresa deportiva no parecía muy en forma. Debía de tener cerca de 60 años, con escaso pelo blanco y unos ojos azules.
-Sí. Puede llamarme Nico, señor Sánchez.
-Encantado, Nico. Siéntese- obedecí-. Seré rápido, pues ya hemos discutido todo lo que tenías que discutir por teléfono. Bienvenido a mi empresa. Supongo que Mateo ya te ha puesto al día y te ha presentado a todos, ¿no?
-Sí.
-Excelente. Pues solo falta una cosa- sacó unos papeles del primer cajón y junto a una pluma, me lo acercó-. Léalo si quiere y firme al acabar.
Leí el contrato, decía lo mismo que él ya me había explicado. El sueldo era bueno y contaba con generosas vacaciones, a parte de poder usar el material deportivo o lúdico para uso personal . Era el mejor contrato que había tenido nunca. Esperaba que cumpliese con los horarios y no fuera otro negrero más que explotaba a todos sus trabajadores, como la mitad de empresarios que había últimamente en España. Firmé y le devolví la pluma y el contrato.
-Estupendo. Espero que no me defraude, cuenta con muy buena reputación y excelentes cartas de recomendación. Disfrute. Ya puede retirarse.

Sonriendo, le estreché la mano antes de irme. Una cosa era clara, pensaba disfrutar de lo lindo en Málaga.

domingo, 29 de enero de 2017

I. Mi nuevo trabajo

Hace tiempo que no soy el mismo, que sé que no soy yo. Ya no sé quién soy. Me miro en el espejo y no me reconozco. Creo que, este asqueroso viaje que tanto me ilusionaba me ha hecho cambiar. No, No ha sido el viaje. Ha sido él. Sí, él. Ese capullo de ojos negros y su sonrisa perfecta, con esos labios que me llaman. El muy cabrón ha conseguido que mi mundo se vuelva patas arriba.
¿Queréis saber mi historia? Bueno. Para ello os he de contar cómo llegué a donde estoy ahora mismo y bueno, presentarme como es debido.
Mi nombre es Nicolás, aunque todos me llaman Nico y tengo 27 años. Nací en un pequeño pueblo de la costa cantábrica. Desde pequeño siempre he amado los deportes, sobre todo aquellos que pudiera hacer sobre una tabla, fuera sobre tierra, nieve o mi preferido, sobre agua. Por eso, desde siempre, he querido ser entrenador o monitor deportivo.
Siempre he sido un chico afortunado, por lo que nunca he tenido problema para encontrar algún trabajo de lo mío y he podido viajar por varios países para surcar las mejores olas en mi tabla. Siempre me ha apasionado trabajar en diferentes partes, aunque no voy a mentir, siempre he preferido trabajar en mi querida Cantabria, para conocer nuevos lugares y aprender todavía más sobre técnicas o formas de realizar cualquier tipo de deporte, nutrirme de los conocimientos del lugar y enseñarles yo mismo todos los trucos que conozco.
Por ello, cuando hace año y medio me llamaron para ofrecerme un trabajo en la costa malagueña no dudé en aceptarlo, pues justo había unas cuantas semanas que se había terminado mi contrato de verano como monitor de surf. Tardé solo tres días en mudarme a Málaga, que era allí donde iba a comenzar mi nuevo trabajo, como era propio de mi, preferí buscar un piso barato antes que compartir piso, siempre he sido un chico solitario y bueno, tampoco es que me costase demasiado poder pagarlo.
Al día siguiente tras la mudanza me dirigí a mi nuevo trabajo. Era una empresa dedicada al deporte y a organizar eventos como cumpleaños, reuniones de amigos y así. Mi nuevo trabajo ofrecía actividades deportivas y diversas actividades para niños, como magos, que les pinten la cara y esas cosas que a ellos les gusta. Por lo que me habían contado, al principio solo era una pequeña empresa de deporte al aire libre, pero que poco a poco había crecido para ser un negocio de animación deportiva y de ocio. Yo iba a ser uno de sus nuevos monitores y no estaba muy seguro aun de que me tocaría hacer, pero el cambio me había llamado.
Al entrar por la puerta principal pude leer el letrero de enormes letras que indicaba el nombre del lugar Sport Now. Ese era el nombre de mi nuevo lugar de trabajo y, lo que no sabía, es que al pasar aquellas puertas, mi vida fuese a cambiar tanto.