miércoles, 2 de junio de 2021

Hipocresía del inglés

    Aunque sé que todos no son así, hay muchos que sí, por lo que quiero hablar de esos que consideran que se debe hablar tanto en su país como en aquel al que van a visitar. Me refiero a comunicarse en inglés, en exclusiva, sintiéndose ofendidos o enfadados porque no sepas hablar su idioma.

         Sí, actualmente el inglés es el idioma con más número de hablantes, pero eso desde hace poco. No es el idioma en que más países se habla ni que tenga el mayor número de personas nativo parlantes del mismo. Imagino que se ha elegido como idioma común por ser el que, supuestamente, es el más fácil de aprender y hablar. Para mí, eso está lejos de la realidad, quizás sea porque no me han sabido enseñármelo bien o porque los idiomas no son lo mío, no lo sé.

    El caso, es que quiero hablar de esas personas que se esperan que se le hable tanto en su país como a aquel al que van, dando por hecho que todos lo hablan y se sienten ofendidos si no le responden en inglés y, en caso de su país, se enfadan porque es lo que se debe hablar.

    Sinceramente, este aspecto no lo veo justo. No todos saben hablar bien el inglés, como es mi caso, ni es obligatorio saberlo para hacer turismo. No entiendo el desprecio que pueden llegar a tener algunos si no eres capaz de comunicarte en el idioma que ellos esperan. No es justo que esas personas exijan que allá a donde van se les hable en inglés y que no vean bien que aquellos turistas que van a su país hablen con su idioma natal, es un tanto hipócrita por su parte. 

    Por suerte, no todos son así y algunos intentan aprender otros idiomas para comunicarse en otros países o para entender a aquellos que van al suyo.

    Los idiomas enriquecen el mundo y pueden facilitar las cosas. Pero lo que no está bien es lo de limitarse a uno y enfadarse cuando alguien no lo sabe hablar. Sí, claro, es útil tener una lengua común, pero no todo el mundo tiene la suerte o la capacidad para aprenderla. 

    Se debe ser justos y no exigir hablar un idioma en un país para hacer turismo si, cuando éstos viajan, se niegan a usar la lengua de dicho país. 

    

lunes, 3 de mayo de 2021

Irresponsabilidad pandémica

     Hoy, por primera vez, voy a escribir sin hacerlo primero en sucio, sin corregir. Voy a escribir tal cual me siento en este momento, que es sumamente cabreada. Es algo que no me gusta hacer, porque siempre en frío se razona mejor, pero es que esta vez no puedo.

    Hace más de un año que a nivel mundial vivimos encerrados y con miedo a este virus procedente de un animal, que, desgraciadamente para muchísimas personas (mi más sincero pésame y apoyo a todas esas familias que han perdido a alguien) ha resultado ser mortal o, en caso algo menos grave les ha dejado secuelas que le van a complicar el resto de su vida. 

    Pero hoy no vengo a hablar de esas víctimas. No, de lo que quiero hablar es del egoísmo de los que se ríen de los demás, de los que están haciendo lo que les da la gana, sin pensar en sus consecuencias y, por consiguiente, empeorando la situación.

    A día de hoy, debido a los cierres que hay, llevo más de 5 meses sin ver a mi pareja. Sé bien que otros pueden llevar más sin ver a sus respectivas parejas, lo entiendo mejor que nadie. Lo que me duele no es el hecho de estar a más de 3000 km de distancia, que también, sino el motivo por el cual no podemos estar juntos. Si fuera por motivos de trabajo lo llevaría mejor. Lo que me duele y cabrea es que sea por una pandemia y que, por culpa de unos cuantos irresponsables, la situación no vaya a mejor.

    Estoy cansada de ver fotos en redes sociales de personas que fardan de estar en otras comunidades autónomas o en otros países de vacaciones, cuando, por ley, está completamente prohibido. Y ahí las están, como diciéndote "mírate tú, pringado, cumpliendo las normas, mientras yo disfruto y me río en tu cara". Fardando de haber conseguido burlar los controles fronterizos, esos que solo pretenden que el virus no se expanda más.

    A lo largo de este año me ha quedado claro que mi país, es un país de personas insolidarias, que solo piensan en sí mismas, en vivir el momento, sin pensar en que, sacrificándose todos un tiempo, en nada podríamos estar controlados y viviendo con normalidad, como en Australia. No quiero generalizar, sé de sobra que hay personas con dos dedos de frente que hacen lo que debe, y a ellas, les doy las gracias por facilitar las cosas a los sanitarios y a salud grupal.

    Estoy cansada de ver noticias de fiestas ilegales. De jóvenes que tiene miedo de perder un fin de semana de  "diversión", sin ver que es mejor perder un par de días que el resto de sus vidas. Son personas a las que les da igual contagiarse, porque por ser jóvenes se creen inmunes. No piensan que ellos pueden ser portadores sin presentar síntomas, que ellos mismos pueden causar que la enfermedad les llegue a ese familiar suyo que está cumpliendo con lo que hay que hacer. 

    Pero también está el caso de las personas mayores. De las que piensan que debido a su edad, son intocables, que las leyes no van con ellos. De esas que salen sin mascarilla (obviamente hablo de las personas que sí pueden usarla, no de esas que por problemas respiratorios o lo que sea, no pueden usarla), se juntan a jugar a las cartas en casa de Fulanito sin cuidado, superando el límite de personas que está permitido y sin medida alguna. 

    Bueno, y por supuesto a los fumadores. En mi comunidad autónoma está prohibido fumar en el exterior desde hace muchos. Pero a estos les da igual, lo siguen haciendo, sin reparo, sin importarles que el humo le vaya a la cara a otra persona. Siempre me ha parecido asqueroso eso, pero ahora aun más por motivos sanitarios. El Covid es un virus que se transmite por el aire. Parece que a esta gente le da igual contagiar a otros o contagiarse ellos mismos por ir fumando.

    Y por último, por supuesto, están esas personas que ni quieren usar mascarilla, sintiéndose superiores por desafiar la ley o pensar que el virus no existe. O bueno, llevarla mal puesta o solo ponerla cuando ven acercarse a un agente de la ley. 

    La situación en la que estamos no es otra que la causa de haber hecho lo que nos ha venido en gana en los momentos en los que se nos ha dado más libertad. De ser un país con conciencia social, aun sin haber leyes tan restrictivas, los ciudadanos se comportarían de una forma más lógica ante la situación en la que nos encontramos y estarías bien desde hace muchos meses.

    Sin embargo, sí cabe decir que, por suerte, a pesar de las miles de personas irresponsables, que hay muchas que cumplen con todo y ya no solo por ellos, sino por la salud de los demás. A ellos, les doy las gracias. A los irresponsables, con todo el respeto, me dais vergüenza y asco. No le deseo el mal a nadie, pero sois los que más o lo merecéis y no ese pobre médico que se contagió por curar a tantos enfermos.

    Un saludo,

                                                                                                                        Samy Night.

jueves, 29 de abril de 2021

Odio conducir

     Quizás odiar no es la palabra. Es más bien que no me gusta, me causa un tremendo temor y no me siento cómoda. No es que sea mala conductora, pero desde que tengo el carnet me ha ocurrido un par de cosas que no me han ayudado a sentirme segura al volante.

    El coche de mis padres salió algo defectuoso, se cala bastante. Siendo novel, en un mismo semáforo en semicuesta, se me caló el coche en dos ocasiones. En la primera, me pitaron tanto que me pusieron nerviosa y no fui capaz de seguir, teniendo que sacar el coche mi padre, da igual que llevara la L, a los otros conductores no les importa nada. La segunda, el de detrás me golpeó. Detesto usar ese coche y, si puedo, lo evito.

    Aun a día de hoy me da reparo arrancar en cuesta, sea el coche que sea. Me da miedo pensar en que se me vaya hacia atrás y pueda golpear al coche que tenga detrás.

    También, con el que era mi coche, no iba mejor la cosa. Este tenía poca fuerza en el motor, con lo cual tenía dificultadas para aparcar en cuesta marcha atrás, pues le costaba demasiado y solía irse un largo rato hacia delante, incluso aún estando ya prendido, le costaba ir hacia atrás si la cuesta tenía mucha pendiente.

    Tampoco es que no confíe en mis habilidades, sino que no confío en los demás conductores. Ya he tenido que frenar en seco porque los demás me adelanta de mala manera cuando casi no queda espacio o por incorporarse en el carril o carretera sin mirar.

    El único "accidente" que he tenido que haya sido "culpa mía" ocurrió en un día de lluvia intensa, bastante oscuro. Tras comprobar que no venía nadie, empecé a arrancar, pero sí había un coche y, aunque frené a tiempo, la lluvia me arrastró un poco, haciendo que rozara el otro coche. Todo salió bien, y la mujer era amable, vecina de mi mejor amiga. Ese mismo día también se me quedó el coche sin batería, pues no me di cuenta de que me dejara las luces encendidas mientras hacíamos el parte.

    Quizás debería olvidar mis miedos y conducir más, pero me cuesta. Es algo que iré superando poco a poco, supongo.

    Pero es que lo odio... Cono dijo mi profesor de autoescuela: "se nota que lo haces por autooblogación".

    Conducir, a día de hoy (si no vives en una ciudad con un buen transporte público) es necesario. Me guste o no, tendré que hacerlo.


lunes, 26 de abril de 2021

Acentos

     A pesar de ser gallega, soy de una zona con un acento suave, lo que me ha causado oír mil veces la frase de "¿cómo as a ser gallega si no tienes acento?". Sobra decir que en cada comunidad autónoma hay varios acentos, dependiendo de la zona en la que estés. No, no tengo ese característico acento de A Coruña, por eso no tengo ese característico acento gallego que usan en la televisión para imitarnos. Yo soy de una zona costera del Sur de Pontevedra. Entre nosotros decimos que ellos hablan como si fueran del monte (de una forma algo bruta), y de nosotros dicen que hablamos cantando (de una forma más cantarina).

    Mi acento ligero hace que otros más marcados se me peguen con facilidad. Eso es lo que se me pasó al poco de mudarme a Canarias. Pero también recupero pronto mi acento natal al volver a casa.

    No solo me pasa al irme a otra zona, sino que adapto mi forma de hablar, sin darme cuenta, según el tono o acento que tiene mi interlocutor. Lo que me provoca las burlas de algunos por cambiar tan drásticamente mi forma de hablar.

    No sé porqué, pero me pasa siempre. No puedo controlarlo ni tampoco me molesta. Solo creo que tengo una adaptación rápida a otras culturas, sobre todo con su forma de hablar.

    Aunque es lógico que se pierda un acepto suave, cambiándose poco a poco por otro más fuerte.

    Quizás, si fuera de otra zona de Galicia, mi acento no se vería tan afectado. Como le suelen ocurrir a la mayoría de los latinos que llevan parte de su vida en España, que da igual el tiempo que pase, no suelen perder su acento original.

    Lo que sé, es que, aunque pierda mi acento, nunca voy a olvidar mis raíces, ni mi cultura. No lo hice la primera vez, ni lo haré de nuevo. Estoy orgullosa de mi lugar de nacimiento y no por dejarlo, me voy a olvidar.